La Sierra Nevada de Santa Marta es mi punto de partida en todo lo que hago.
La montaña más alta del mundo a orillas del mar, con todos sus pisos térmicos, su biodiversidad, y la vida que la habita desde hace siglos. Cuatro pueblos indígenas, los Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo, siguen protegiendo este territorio que consideran el corazón del mundo: un lugar que regula el equilibrio espiritual y natural de todo lo que existe.
Vivo y habito cerca de ella, y esa cercanía me marcó. Cada print, cada color, cada decisión en Manigua nace de ahí, de una intención, no se trata solo de inspirar estéticamente, sino de cuidar. Porque preservar la sierra no es responsabilidad de quienes la habitan ancestralmente, es de todos los que nos beneficiamos de su existencia.